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El chile huacle negro: ciencia, tradición y el futuro de un tesoro culinario mexicano

Elizabeth Urbina Sánchez, profesora e investigadora del Centro Universitario UAEM Tenancingo

 

Azotea Media

 

En los mercados de Oaxaca, un kilogramo puede alcanzar precios que rivalizan con productos gourmet de fama internacional. Su aroma profundo, sabor complejo y escasa disponibilidad lo han convertido en una auténtica joya gastronómica. Se trata del chile huacle negro, ingrediente indispensable del tradicional mole negro oaxaqueño y una especie que hoy enfrenta el reto de sobrevivir frente a las presiones productivas y ambientales.

 

Detrás de este tesoro culinario, investigadores mexicanos trabajan para evitar que desaparezca. Desde el sur del Estado de México, especialistas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) desarrollan una estrategia científica que busca garantizar su conservación sin sacrificar las características que lo han convertido en uno de los chiles más apreciados del país.

 

La investigación es encabezada por Elizabeth Urbina Sánchez, profesora e investigadora del Centro Universitario UAEM Tenancingo, quien estudia cómo el uso de micorrizas —microorganismos benéficos que establecen una relación simbiótica con las raíces de las plantas— y distintos niveles de fósforo pueden mejorar la producción y calidad del chile huacle.

 

El desafío no es menor. Originario de la región de La Cañada, en Oaxaca, este chile forma parte del patrimonio biocultural de México. Su cultivo se ha reducido en los últimos años debido a diversos factores, entre ellos los costos de producción, la disminución de superficies cultivadas y las dificultades para mantener rendimientos estables.

 

Como consecuencia, el chile huacle se ha convertido en un producto cada vez más escaso y valioso. Su limitada oferta ha disparado su precio en el mercado, mientras chefs, cocineras tradicionales y amantes de la gastronomía continúan buscándolo para preparar uno de los platillos más emblemáticos de la cocina mexicana.

 

La ciencia al servicio de la tradición

 

Para enfrentar este problema, el equipo de investigación trabaja en la propagación de plantas de chile huacle en Tenancingo, una región con condiciones distintas a las de su hábitat original.

 

La apuesta científica consiste en combinar fertirriego con diferentes dosis de fósforo y la aplicación de micorrizas, organismos microscópicos que ayudan a las plantas a absorber nutrientes y agua de manera más eficiente.

 

Los resultados preliminares son alentadores. Según la investigadora, el uso de estos microorganismos permite reducir la dependencia de fertilizantes químicos, mejorar la salud del suelo y aumentar la fertilidad de los cultivos. Además, contribuye a obtener frutos de mejor calidad y con menores impactos ambientales.

 

Más allá del rendimiento agrícola, el estudio abre una discusión relevante para la gastronomía mexicana: ¿puede un chile huacle cultivado fuera de Oaxaca conservar las características que le dan identidad?

 

El sabor como patrimonio

 

La siguiente etapa de la investigación buscará responder precisamente esa pregunta. Los especialistas analizarán las propiedades organolépticas del chile producido en Tenancingo, es decir, aquellos atributos perceptibles por los sentidos como sabor, aroma, textura y color.

 

El objetivo es determinar si mantiene las cualidades necesarias para elaborar el auténtico mole negro, una receta que representa siglos de historia culinaria y que ha llevado el nombre de México a escenarios internacionales.

 

Para cocineros y expertos en gastronomía, preservar estos atributos es tan importante como conservar la especie. El valor del chile huacle no radica únicamente en su capacidad productiva, sino en la experiencia sensorial que aporta a los platillos tradicionales.

 

Más allá del mole

 

Los alcances del proyecto también podrían generar nuevas oportunidades económicas para productores rurales. La posibilidad de ampliar el cultivo del chile huacle permitiría desarrollar productos derivados como salsas artesanales, adobos, conservas e incluso embutidos especializados.

 

De esta manera, una investigación científica podría convertirse en una herramienta para fortalecer cadenas productivas locales, impulsar la innovación agroalimentaria y diversificar las fuentes de ingreso en comunidades agrícolas.

 

Conservar la biodiversidad en cada platillo

 

El trabajo desarrollado por la UAEMéx refleja una tendencia creciente en la investigación agrícola moderna: proteger especies tradicionales mediante soluciones sustentables que integren ciencia, producción y cultura.

 

En un país donde la cocina es considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, preservar ingredientes como el chile huacle significa proteger mucho más que una planta. Significa resguardar conocimientos ancestrales, sabores únicos y una parte fundamental de la identidad mexicana.

 

Mientras los laboratorios analizan microorganismos y los agricultores cuidan cada cosecha, el futuro de uno de los ingredientes más emblemáticos del mole negro podría estar encontrando una nueva oportunidad para florecer.


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