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El Mundial de los que nunca lo vivirán: boletos por las nubes y sueños que no pisan el estadio.

El mundial de la distancia, de sueño inalcanzable para la afición.

 

Por Redacción Azotea Media
Diciembre 5 de 2025

Mundial 2026 | Internacional | FIFA | México | USA | Canadá | Azotea Media

 

Hay sueños que se heredan, ilusiones que pasan de generación en generación como una camiseta firmada por el destino. En México, asistir a un Mundial siempre ha sido una de ellas. Los niños que en 1970 se pegaban a la radio para imaginar el rugido del Estadio Azteca, o los que en 1986 veían por televisión el gol imposible de Maradona, juraron que algún día—cuando crecieran, cuando tuvieran trabajo, cuando “les fuera bien”—podrían pagar un boleto y vivirlo desde la grada.

 

Hoy muchos de esos niños, ya adultos económicamente activos, repiten la misma historia con resignación: “Algún día iré”. Porque en pleno 2026, incluso con una Copa del Mundo en casa, el sueño sigue siendo igual de inalcanzable.

 

“El Mundial llegó… pero no para todos”

 

La euforia por el partido inaugural México vs Sudáfrica trajo consigo un baño de realidad: en plataformas de reventa, un boleto en zona lounge alcanzó los 800 mil pesos. Sí, casi un millón por ver 90 minutos de fútbol. La cifra bordea el absurdo cuando se compara con su precio original de preventa: apenas 20 mil pesos.

 

Y si alguien pensó que la locura era exclusiva del primer partido, los boletos para el México vs Corea del Sur en Guadalajara también se cotizan entre 350 mil y más de 1 millón de pesos. La pasión nacional convertida en una élite de unos cuantos.

 

Lo más irónico: la FIFA confirmó que México no tendrá reventa oficial, a diferencia de Estados Unidos y Canadá. En tierra azteca, la reventa ilegal sigue siendo el lobo disfrazado de oportunidad.

 

El cálculo que duele más que una eliminación en penales

Tomemos un ejemplo brutal. Con el salario mínimo vigente de 315.04 pesos diarios, un trabajador tendría que dedicar:

64 meses de sueldo

Más de 7 años trabajando

…para comprar ese boleto de 800 mil pesos. Sin contar transporte, comida, hospedaje, ni una cerveza tibia del estadio.

Y si uno quisiera “lo más barato”, un boleto de 52 mil pesos en las zonas más altas del Estadio Azteca equivaldría a:

165 días de trabajo

Casi medio año de salario íntegro, un lujo prohibido para la mayoría. Una fiesta a la que muchos fueron invitados, pero solo algunos podrán entrar.

 

“El Mundial que siempre nos toca ver por televisión”

 

Ver el Mundial desde la sala, en familia, con botanas y un grito colectivo, siempre ha tenido su magia. Pero duele aceptar que, para millones, esa no es una elección: es la única posibilidad.

 

Las empresas de streaming, cable y servicios adicionales celebran en silencio su propio Mundial: el de ingresos récord. Cada suscripción, cada paquete especial, cada “promoción” para ver los partidos… todo suma a un negocio que crece mientras la afición se conforma con mirar desde lejos.

 

La pregunta incómoda: ¿para quién es realmente este Mundial?

Se suponía que este sería el Mundial más accesible, más cercano, más nuestro. Una oportunidad generacional. Pero los precios han demostrado que la fiesta del fútbol moderno es un club privado donde las emociones se cotizan como acciones en bolsa.

 

Duele, porque la afición mexicana ha sostenido por décadas al fútbol nacional: compra camisetas, se desvela, llena estadios, sonríe y llora por su selección. Y aun así, cuando por fin se juega en casa, la invitación parece estar dirigida a alguien más.

 

Opinión: “El negocio le ganó al fútbol… y al aficionado.”

 

El Mundial 2026 está por comenzar, y con él la ilusión de millones. Pero también queda claro que el fútbol ya no es el deporte del pueblo: es un espectáculo de lujo. Las butacas más altas del estadio se han vuelto más lejanas que nunca, no por la distancia, sino por el precio.

 

El fútbol nació en los barrios, no en las zonas lounge. Nació con niños descalzos pateando una pelota gastada, no con ejecutivos pagando sumas indecentes por una vista privilegiada.

 

Ojalá algún día el fútbol vuelva a ser lo que dicen que es: de todos. Por ahora, para la mayoría, seguirá siendo un Mundial visto entre comerciales… y no desde la grada donde siempre soñaron estar.


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