
Ocotlán: la joya barroca de Tlaxcala que deslumbra a viajeros y devotos.

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Diciembre 6 de 2025

Esta ocasión, Azotea Media te llena a recorre ‘La Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán’, uno de los tesoros arquitectónicos más emblemáticos de Tlaxcala, un referente turístico imprescindible del centro del país. Ubicada en la cima de una colina y visible desde distintos puntos de la capital tlaxcalteca, su imponente fachada barroca estípite —una de las más representativas del barroco novohispano— recibe cada año a miles de visitantes que buscan conocer su historia, su arte y la profunda devoción que ahí se resguarda.

El origen del santuario se remonta a 1541, cuando, según la tradición, la Virgen se apareció al indígena Juan Diego Bernardino y lo condujo a un manantial de aguas milagrosas. Con el paso del tiempo, el sitio se transformó en el epicentro mariano de Tlaxcala, dando lugar a la construcción del complejo que hoy maravillan sus visitantes: torres gemelas que se elevan sobre el valle, un atrio amplio que mira hacia la ciudad y un interior deslumbrante de retablos dorados, pinturas virreinales y finas yeserías del siglo XVIII.
“El corazón del santuario: un recinto que envuelve arte, simbolismo y espiritualidad”

Entre los espacios más impactantes para los viajeros se encuentra el camarín de la Virgen, considerado el verdadero corazón de Ocotlán. Al entrar, la mirada se eleva hacia la bóveda, donde una paloma representa al Espíritu Santo y, a su alrededor, los apóstoles y la Virgen —única figura con los pies cubiertos— conforman una escena celestial. Más abajo, ocho doctores de la Iglesia destacan por la pluma que portan, símbolo de su dedicación a estudiar y escribir sobre María.
El siguiente nivel está ocupado por los arcángeles. Aunque tradicionalmente son siete, aquí se representan ocho, incluyendo a Lucifer antes de su caída, con una pequeña escalera en la mano y acompañado de San Miguel, reflejando la eterna dualidad entre el bien y el mal. A la misma altura, varios espejos recuerdan que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, mientras que una inscripción rodea la sala con la oración “Ave María”, considerada una súplica tan poderosa que, según la tradición popular, hace temblar al diablo.

Los muros del camarín están rodeados por lienzos pintados en 1723 por el artista poblano Juan de Villalobos, que narran episodios clave de la vida de la Virgen: su nacimiento, presentación en el templo, desposorios, aparición en el árbol de ocote, anuncio del nacimiento de Jesús, Asunción y coronación en el cielo. Cada cuadro se enlaza visualmente con el que se encuentra frente a él, creando un diálogo artístico único que culmina en la presencia de la imagen original de Nuestra Señora de Ocotlán.
“Un destino cultural que late con tradición”
Más allá de su valor arquitectónico, la Basílica es un símbolo vivo de identidad. Cada tercer lunes de mayo, miles de peregrinos se congregan para presenciar la tradicional “Bajada” de la Virgen, una celebración llena de música, colorido y fervor popular que transforma las calles en un auténtico festival religioso.

Hoy, Ocotlán es mucho más que un santuario: es un punto de encuentro entre historia, arte y espiritualidad. Un destino ideal para quienes buscan descubrir el patrimonio tlaxcalteca, maravillarse con el barroco más fino y vivir una experiencia profundamente cultural a pocos minutos del corazón de Tlaxcala.

