Compartir

Entre palomitas y rezos: la tradición mazahua se niega a desaparecer y busca fortaleza.

 

Turismo | Religión  | San Felipe del Progreso | Azotea Media | Opinión

Emiaj Agairra G.

 

En San Felipe del Progreso, la fe no se decora con luces industriales ni adornos importados. Aquí se hace con palomitas de maíz, con trabajo comunitario, con manos curtidas por el campo y con una memoria colectiva que se resiste a ser borrada por la modernidad acelerada.

La Fiesta Patronal en honor a Nuestro Padre Jesús no es solo una celebración religiosa: es un acto de resistencia cultural. Cada palomita colocada en la iglesia, cada peregrinación, cada danza, habla de un pueblo mazahua que aún entiende que la identidad no se compra ni se improvisa.

Sin embargo, estas tradiciones autóctonas enfrentan un riesgo silencioso: el desinterés institucional, la migración, la falta de apoyos culturales y una visión turística que muchas veces ve la fiesta como espectáculo, pero no como patrimonio vivo. La tradición sobrevive gracias a los mayordomos, a las familias, a los pueblos que cooperan y caminan kilómetros para cumplir una promesa.

Desde Azotea Media, es necesario decirlo claro: conservar estas expresiones no debe recaer solo en las comunidades indígenas. El Estado de México presume su diversidad cultural, pero aún queda a deber políticas sólidas para proteger, documentar y fortalecer estas manifestaciones sin folklorizarlas ni desvirtuarlas.

San Felipe del Progreso demuestra que la tradición sigue viva, pero también nos recuerda que puede apagarse si no se cuida. La cultura mazahua no necesita discursos, necesita respeto, acompañamiento y un compromiso real para que estas fiestas sigan llenando de maíz, fe y sentido de pertenencia a las futuras generaciones.

Celebración de Santo Patrono de San Felipe del Progreso

Porque cuando una tradición muere, no solo se pierde una fiesta: se pierde una forma de entender el mundo.


Compartir