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Estado de México: alarmante prevalencia de crónico-degenerativas en adultos mayores y la urgencia de actuar.

Adultos mayores | EdoMéx | Salud |Secretaria de salud | Sociedad

Diciembre 22 de 2025

Emiaj Agairra G.

 

En el contexto nacional, las enfermedades crónicas no transmisibles dominan el perfil de salud de los adultos mayores, evidenciado por las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y otros análisis epidemiológicos. En 2024, más de 192 500 personas murieron por enfermedades del corazón y más de 112 500 por diabetes mellitus en todo México, siendo estos padecimientos las primeras causas de muerte en la población adulta y especialmente entre quienes tienen 65 años o más.

 

Además, estudios nacionales muestran que entre quienes tienen 53 años y más casi la mitad padece hipertensión arterial, y entre un cuarto y un tercio reporta diagnóstico de diabetes. Esta combinación de factores de riesgo —amplificada por el sobrepeso y la obesidad— posiciona a las enfermedades crónicas como una carga creciente sobre los servicios de salud y sobre las familias que enfrentan gastos médicos elevados y pérdida de productividad.

Estos datos reviven una realidad que ya se veía venir: la transición demográfica hacia una población envejecida está estrechamente ligada a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas y a la demanda de atención médica continuada.

 

Opinión: la estadística no es un número lejano, es una llamada de atención. El crecimiento de las enfermedades crónico-degenerativas entre las personas mayores de 50 años no solo presiona a hospitales y clínicas, sino que impacta directamente en las economías familiares y en la calidad de vida de quienes lo padecen. La prevención debe ser la prioridad. Programas de detección temprana, promoción de estilos de vida saludables, tratamiento oportuno y continuidad en el acceso a medicamentos pueden reducir hospitalizaciones, complicaciones y el gasto que asfixia a las familias. Sin intervención decidida, corremos el riesgo de que estas cifras sigan subiendo, desbordando recursos públicos y profundizando desigualdades en el acceso a la atención.

 

La salud pública debe pasar de reaccionar a prevenir: es la inversión que más vidas y bolsillos puede salvar hoy.


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