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Los sauces llorones de Paseo Tollocan están en riesgo entre plagas, la omisión y el abandono.

Sauces llorones del Paseo Tollocan

 

✒️Emiaj Agairra G.

 

En Toluca, la memoria también se siembra. Y en el caso del Paseo Tollocan, esa memoria tiene raíces profundas y ramas que durante décadas han dado identidad a una de las vialidades más emblemáticas del valle. Hoy, esos mismos árboles —los sauces llorones— enfrentan una amenaza silenciosa pero persistente: la indiferencia institucional.

 

Resulta inaceptable que, pese a los antecedentes y a los esfuerzos previos de fumigación, la plaga del gusano defoliador o barrenador continúe avanzando sin una estrategia clara, sostenida y, sobre todo, coordinada. Las “larvas” y gusanos que aún sobreviven no son un problema menor; son la evidencia de que las acciones implementadas en el pasado fueron insuficientes o, peor aún, abandonadas antes de consolidar resultados definitivos.

 

 

Las imágenes documentadas por Azotea Media no dejan lugar a dudas: lo que en algún momento fue contenido en más del 80%, hoy amenaza con reactivarse. Y cuando se trata de ecosistemas urbanos, la omisión puede ser tan destructiva como la plaga misma.

Gusano Defoliador de sauce lloron

 

Aquí no hay espacio para la burocracia que se diluye entre competencias. Que si es estatal, que si es municipal. Mientras las dependencias “se echan la bolita”, los árboles se secan.

 

 

Algunos ya no reverdecieron esta temporada. Otros están en proceso de morir, y con ellos, se pierde no solo un elemento natural, sino un símbolo del paisaje urbano de Toluca.

 

La urgencia es clara: la Secretaría del Medio Ambiente debe emitir un dictamen técnico inmediato que no solo reconozca la gravedad del problema, sino que active un plan integral de intervención. No basta con fumigar de manera reactiva; se requiere monitoreo constante, control biológico, seguimiento y transparencia en las acciones.

 

 

Pero también es momento de replantear la relación entre ciudad y naturaleza. Sembrar árboles nuevos no puede seguir siendo la salida fácil para maquillar la pérdida. La reforestación sin mantenimiento es simulación. Lo que se necesita es corresponsabilidad: programas de adopción de árboles, participación de la iniciativa privada y vigilancia ciudadana que garantice su supervivencia.

 

Porque sí, hay ejemplos. Empresas y negocios han demostrado que cuando se asume el cuidado del entorno como una responsabilidad compartida, los resultados son visibles. Lo contrario también lo es: árboles recién plantados que se secan, que son vandalizados o simplemente olvidados.

 

 

El Paseo Tollocan no puede convertirse en el testimonio de una negligencia anunciada. Los sauces llorones —endémicos del valle de Toluca— no son reemplazables en términos ecológicos ni culturales. Si no se actúa ahora, su desaparición no será una sorpresa, sino una consecuencia directa de la falta de voluntad.

 

La pregunta ya no es si se puede hacer algo. La pregunta es: ¿quién va a asumir la responsabilidad antes de que sea demasiado tarde?


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