
Medio Maratón de Temoaya: una carrera contra la altura, el frío y el espíritu ancestral.

Temoaya volvió a rugir con la fuerza de sus montañas y el latido milenario de su cultura: el Medio Maratón con Encanto conquistó a más de 600 corredores registrados —y muchos más que se sumaron espontáneamente— para enfrentarse a una ruta tan desafiante como hermosa. En lo alto del Centro Ceremonial Otomí, donde el aire es delgado y el tiempo parece detenerse, el deporte se mezcló con la espiritualidad de un pueblo que honra a sus ancestros entre piedras sagradas y bosques de niebla.
La alcaldesa Berenice Carrillo Macario dio la bienvenida a los participantes, reconociendo el esfuerzo de las familias temoyenses que hicieron suyo el evento y lo convirtieron en una fiesta comunitaria. En la línea de salida, los corredores de pies descalzos —símbolo vivo de la tradición otomí— y representantes del cabildo encabezaron el banderazo. El eco del inicio retumbó en la explanada Sagitario, punto donde lo ceremonial se encontró con la adrenalina deportiva.

El recorrido, trazado entre veredas internas del Centro Ceremonial y la sinuosa carretera arropada por bosque frío, exigió piernas fuertes y espíritu firme. Puestos de hidratación estratégicos, así como elementos de la Policía municipal y paramédicos, acompañaron cada kilómetro para garantizar un trayecto seguro en medio del clima serrano. Al final, tras vencer la altura y el cansancio, los corredores retornaron a la gran explanada central, donde los esperaban su medalla, la hidratación final y la recompensa mayor: haber dominado uno de los medios maratones más demandantes del país.
En el marco del Festival de las Culturas Ñathö, Temoaya demostró que el deporte también puede ser un puente entre el presente y el pasado. Una carrera donde la naturaleza impone respeto, la altura pone a prueba al cuerpo y el misticismo otomí abraza a cada visitante. Un medio maratón que no solo se corre… se siente.

