
“Portales nuevos de Toluca”: entre el abandono institucional y el riesgo para los peatones.

✒️ Emiaj Agairra G.
Entre echarse la bolita unos a otros —gobierno estatal, municipal y sector empresarial—, la realidad es una sola: los llamados “portales nuevos” de Toluca, construidos con bombo y platillo para la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de México en 2010, hoy están a la deriva de su suerte… y de la dudosa durabilidad de los materiales con los que fueron edificados.
En pleno corazón de la capital mexiquense se levanta esta construcción relativamente reciente, concebida como una continuación arquitectónica de los emblemáticos Portales de Toluca. Un conjunto de arcos que alberga restaurantes y diversos negocios, y que en teoría debía consolidarse como un nuevo atractivo urbano y comercial. En la práctica, se ha convertido en un ejemplo claro del abandono y la falta de mantenimiento.

El deterioro ya no es discreto ni superficial. Cornisas, volados, plafones y baldosas se han desprendido —sí, literalmente a pedazos— dejando al descubierto el desgaste de la estructura. Este descuido ha permitido la filtración constante de agua hacia la estructura central metálica, lo que abre una pregunta inquietante y urgente: ¿se ha evaluado si este daño compromete la estabilidad del inmueble y representa un riesgo real de colapso?
Resulta lamentable observar cómo otros edificios y espacios públicos reciben atención, pintura y reflectores, mientras estos portales nuevos, como los conocen los toluqueños, se caen lentamente sin que nadie asuma responsabilidad. Ni la autoridad que promovió su construcción, ni el municipio que debe vigilar la seguridad urbana, ni los particulares que operan negocios en comodato parecen sentirse obligados a intervenir.

La ciudad no puede normalizar el deterioro ni esperar a que ocurra una tragedia para reaccionar. La seguridad de cientos de peatones que diariamente transitan por la zona debería ser prioridad absoluta, no una nota al margen.
Ojalá que la estrategia “Toluca se pone guapa”, impulsada por el alcalde Ricardo Moreno, voltee la mirada hacia este referente arquitectónico reciente y lo incluya en un plan serio de recuperación. O que algún programa de mejora —o desmejora— urbana del Gobierno del Estado de México, encabezado por Delfina Gómez Álvarez, destine recursos para su conservación. Y si la responsabilidad recae en el sector privado, que deje de escudarse en vacíos legales y asigne el presupuesto necesario para darle, al menos, la “manita de gato” que se requiere.

Porque más allá del atractivo visual, lo que está en juego es la seguridad pública. Y el abandono, cuando se trata de infraestructura urbana, también es una forma de negligencia.

