
Temoaya vuelve a latir: reabren camino hacia su esencia otomí.

Después de meses de espera, de rutas alternas y de la paciencia de toda una comunidad, hoy Temoaya respira distinto.
La reapertura de la carretera que conecta el municipio con el Centro Ceremonial Otomí no solo restablece el paso: devuelve el pulso a una región que vive de su gente, de sus tradiciones y de su identidad.

En el kilómetro 18+900, donde antes el deslave provocado por intensas lluvias marcó una pausa obligada, sin embargo, con una inversion de 25 millones de pesos y varios estudios, hoy se abre de nuevo el camino. Uno más seguro, más ágil, pero sobre todo más cercano para quienes cada día recorren esta ruta, ya sea por trabajo, por turismo o por amor a su tierra.
La obra, impulsada por la Secretaría de Movilidad del Estado de México bajo la dirección de Juan Hugo de la Rosa García, no es solo una intervención carretera; es una apuesta por la dignidad de la movilidad y por el desarrollo de comunidades que merecen estar mejor conectadas, beneficiando a más de 250 mil habitantes y visitantes.

Y es que este tramo no es cualquier vía. Es paso a otros municipios y el acceso a uno de los espacios más emblemáticos del Estado de México, donde la cultura otomí se honra entre montañas, piedra y viento. Con su reapertura, se abre también la puerta a visitantes que buscan reencontrarse con la historia viva, con el turismo consciente y con la grandeza de lo ancestral.
Para Temoaya, esto significa más que tránsito: significa oportunidades. Comerciantes, prestadores de servicios y familias enteras ven en este camino una nueva posibilidad de crecimiento, de ingreso, de estabilidad y sobre todo ahorro en gasto y tiempos de traslados.
El esfuerzo coordinado entre autoridades estatales y municipales, impulsado por la alcaldesa Berenice Carrillo Macario, refleja una visión clara: mejorar la calidad de vida de la gente y posicionar al municipio como un destino que se construye desde su raíz.

Hoy, el camino vuelve a estar abierto. Y con él, también se reabre la esperanza de un Temoaya más conectado, más fuerte y más vivo que nunca.

