
Toneladas de basura exhiben la falta de cultura cívica en Toluca de los comerciantes informales.

Entre comerciantes que dejan residuos de su actividad y visitantes que ignoran los contenedores, la limpieza del Centro Histórico se convierte en una tarea que va más allá de barrer las calles. ¿Quién se hace responsable de la basura que deja la feria?
Por: Emiaj Agairra G. / Mzotea Media
Toluca, Estado de México.
La Feria del Alfeñique llena de color, tradición y actividad comercial el corazón de Toluca, pero también deja una imagen que contrasta con su atractivo cultural: calles, jardineras, macetas y espacios públicos invadidos por basura.
En los Portales y sus alrededores, así como en la periferia donde se concentra la actividad comercial, los residuos generados por la venta de productos y alimentos terminan en el suelo, a pesar de que existen contenedores para su disposición.
El problema no se limita a envolturas, vasos y restos de comida. También se observan desechos relacionados con la preparación y venta de alimentos, incluidos residuos de los fogones y equipos utilizados para calentar o cocinar, que terminan abandonados en la vía pública y pueden llegar a las coladeras y al drenaje.
Mientras la feria atrae a miles de visitantes, el personal de limpieza municipal enfrenta el trabajo de retirar la basura acumulada entre jardineras, macetas y otros rincones del primer cuadro de la ciudad. Una labor que se vuelve especialmente intensa los lunes, cuando se realiza la recolección de grandes cantidades de residuos sólidos asociados con la actividad de la feria.
A estos desechos se suman los generados por los establecimientos comerciales y los pocos domicilios que permanecen en esta zona del Centro Histórico.
La tradición no justifica ensuciar la ciudad

La celebración del Día de Muertos y la Feria del Alfeñique representan una oportunidad para impulsar la economía local, preservar las tradiciones y fortalecer la identidad de los toluqueños. Sin embargo, el beneficio comercial no debería traducirse en un deterioro de los espacios públicos.
La informalidad comercial no puede convertirse también en informalidad de modales y responsabilidad. Quienes obtienen ingresos mediante la venta de productos tienen la obligación cívica de cuidar el entorno donde trabajan, particularmente cuando sus actividades generan residuos de manera constante.
No basta con instalar un puesto, vender y retirarse al finalizar la jornada. La responsabilidad debe comenzar antes de abrir, mantenerse durante la actividad y continuar después de cerrar, con la recolección y disposición adecuada de la basura.
El escenario que deja la feria debería servir como antecedente para que las autoridades municipales revisen las condiciones bajo las cuales se otorgan permisos para futuros eventos. Establecer reglas claras de limpieza, supervisar su cumplimiento y exigir que cada comerciante se haga responsable de sus residuos contribuiría a evitar que el costo ambiental y operativo termine recayendo exclusivamente en el municipio.
También es necesario prestar especial atención a los puestos de alimentos, donde los residuos orgánicos, las grasas y los restos de la preparación pueden ocasionar problemas sanitarios y obstrucciones en el drenaje si no se manejan correctamente.
El problema también es de quienes visitan la feria
Pero sería injusto responsabilizar únicamente a los comerciantes.

Quienes acuden a disfrutar de la Feria del Alfeñique también tienen una responsabilidad directa en el cuidado de Toluca. Tirar envolturas, vasos, servilletas y restos de comida en las jardineras o sobre las banquetas, cuando hay contenedores disponibles, no es un descuido inevitable: es una conducta que refleja falta de conciencia sobre el espacio compartido.
La ciudad no se mantiene limpia por el simple hecho de contar con trabajadores que barren sus calles. Se mantiene limpia cuando sus habitantes y visitantes evitan ensuciarla.
Por ello, el llamado es doble: a las autoridades municipales, para que establezcan y hagan cumplir medidas de limpieza entre los comerciantes; y a la ciudadanía, para que asuma su parte y deje de tratar las calles como si fueran un basurero.
La Feria del Alfeñique debe ser motivo de orgullo, no una excusa para normalizar la acumulación de residuos en el corazón de la capital mexiquense.
Una tradición que genera identidad y economía también debe generar responsabilidad. La limpieza del Centro Histórico no puede depender únicamente de quienes recogen la basura después de que todos se han marchado.

Porque hay una realidad que conviene recordar, tanto a comerciantes como a visitantes:
“Una ciudad limpia es el reflejo de sus habitantes, no de quién la barre”.
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