
Avalan nueva Ley de Bienestar Animal en el Estado de México… pero el reto apenas comienza.

✒️ Emiaj Agairra G.
Las comisiones unidas del Congreso mexiquense dieron luz verde a los cimientos de la expedición de la *Ley de Protección, Cuidado y Bienestar Animal del Estado de México*, un paquete legislativo ambicioso que, en el papel, promete saldar una deuda histórica con millones de animales en la entidad.
La iniciativa —impulsada por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y respaldada por todas las fuerzas políticas— reconoce por fin a los animales como seres sintientes, eleva las sanciones por maltrato y plantea la creación de toda una estructura institucional para su protección.
“Sobre el papel, suena bien. Muy bien.”
El dictamen integra 17 iniciativas y contempla desde la creación de un Consejo Ciudadano de Protección Animal hasta registros obligatorios, centros de control y bienestar, fondos económicos, padrones de asociaciones y hasta una “clave única” para mascotas. También incorpora figuras como el “visor de bienestar animal” y plantea medidas contra el abandono, la sobrepoblación y el lucro disfrazado de refugios, sin embargo, la realidad mexiquense obliga a poner los pies en la tierra.

Hoy, apenas una minoría de los 125 municipios cuenta con centros de bienestar animal, mientras que se estima que existen millones de animales en situación de calle. Es decir, el problema no es la falta de leyes, sino la falta de aplicación, presupuesto y voluntad política sostenida.
En el apunte es claro: convertir esta nueva legislación en un catálogo de buenas intenciones.
Aunque diputadas y diputados destacaron avances importantes —como la regulación del maltrato, el impulso a la adopción, la esterilización y la educación— también quedaron pendientes relevantes, como la creación de unidades especializadas para atender la violencia contra animales o mecanismos más claros de supervisión municipal.
Además, el endurecimiento de sanciones solo será efectivo si las autoridades investigan y castigan realmente los casos, algo que históricamente ha sido la gran falla. Porque en el Estado de México, el maltrato animal rara vez termina en justicia.

Esta ley podría marcar un antes y un después, sí. Pero solo si se acompaña de presupuesto, infraestructura, coordinación entre niveles de gobierno y, sobre todo, vigilancia ciudadana.
De lo contrario, será una más en la larga lista de reformas que prometen mucho… y cambian poco.
En un estado donde la violencia —en todas sus formas— sigue siendo una constante, proteger a los animales no es un tema menor: es un termómetro social.
Y ese termómetro, hoy sigue marcando alerta.

