
La pasión y amor por la playera cuesta hasta 3 mil pesos.

Emiaj Agairra G | Azotea Media
Arrancó la fiebre futbolera y con ella, el ritual de siempre: demostrar cuánto amas a México… pasando la tarjeta o solo unos centavos.
Porque, claro, si no traes la playera oficial de la Selección, no estas en el ambiente, ¿realmente apoyas al país? ¿De verdad sientes los colores? O ¿Eres mexicano de cora?
Para algunos, la respuesta parece depender de una etiqueta original de precio cercana a los tres mil pesos.
Pero la prenda fabricada al otro lado del mundo, posiblemente en una línea de producción, donde los derechos laborales son tan escasos como los campeonatos mundiales de México, pero que llega al escaparate envuelta en patriotismo premium, ha inundado todos laso, esquinas camellones y banquetas.
La mercadotecnia hizo su magia. Un negocio privado logra convencer a millones de personas de que comprar un producto es un acto de identidad nacional. No importa que la Federación sea una empresa, que los patrocinadores sean corporativos o que cada gol represente millones en contratos comerciales. Lo importante es sentir que todos somos parte del “tricolor”… previo pago en caja o en el crucero en medio del apabullante tráfico.

Por eso, mientras algunos presumen la versión oficial, otros optan por la resistencia económica: “la famosa playera pirata”. No porque amen menos al fútbol, sino porque entienden que el amor a la Selección no debería medirse por el precio de una camiseta.
Al final, el balón rueda igual, los goles se gritan igual y las decepciones también se sufren igual. La única diferencia es que unos lloran la eliminación con tres mil pesos menos en la cartera.
Pero eso sí, con licencia oficial, dicen todos.

