Compartir

Museo del Títere de Huamantla: recuerdo que pende de un hilo en era digital.

 

 

 

Emiaj Agairra G. / Azotea Media

 

En el corazón de Huamantla, donde la tradición se entrelaza con la identidad cultural, el Museo Nacional del Títere Rosete Aranda resiste como uno de los espacios más singulares del país: un recinto dedicado por completo al arte de dar vida a lo inanimado.

 

Inaugurado en 1991 dentro de una casona del siglo XVIII, el museo no solo resguarda piezas; preserva una memoria escénica que tuvo en la familia Rosete Aranda a sus principales impulsores. Su legado marcó el desarrollo del teatro guiñol en México, convirtiendo a Huamantla en una referencia obligada para entender esta expresión artística.
El recorrido por sus salas —que han evolucionado en número y museografía con el paso del tiempo— exhibe una colección que supera las dos mil piezas.

Museo del títere de Huamantla

 

Marionetas de hilo, títeres de guante, figuras de varilla y sombras dialogan con piezas provenientes de Europa y Asia, dejando ver que el lenguaje del títere es universal, aunque en México haya adquirido un sello profundamente popular.

 

Pero más allá del atractivo visual, el museo plantea una lectura más profunda: la del entretenimiento como herramienta social. En sus vitrinas conviven personajes que alguna vez fueron vehículos de crítica política, sátira o enseñanza moral, recordando que el teatro de títeres no fue únicamente infantil, sino un espejo de su tiempo.

Museo del títere de Huamantla. /Escena de Blanca Nieves y los 7 enanos.

 

Para su deleite, encontrarán escenas de películas infantiles, mexicanas, de suspenso y escenas de eventos como la independencia y hasta una orquesta sinfónica completa.

 

A pesar de su relevancia cultural, el recinto enfrenta el reto compartido por muchos espacios museísticos fuera de los grandes circuitos: mantenerse vigente frente a nuevas formas de consumo cultural. Talleres, funciones y actividades buscan reactivar el interés de públicos jóvenes, aunque el desafío de fondo sigue siendo la difusión.

Ubicado en el centro del Pueblo Mágico, el museo abre de martes a domingo con costos accesibles, lo que lo convierte en una opción cultural al alcance. Sin embargo, su verdadero valor no está en el precio de entrada, sino en lo que conserva: una tradición que, lejos de desaparecer, insiste en seguir contando historias desde el hilo, la madera y la imaginación.

 

En tiempos donde lo digital domina la escena, el Museo Nacional del Títere Rosete Aranda recuerda que también hay vida —y discurso— en lo artesanal.

Pelotón de soldados durante la independencia de México.

Compartir