
Adiós a “Cuetes”, el perro que convirtió a todo un pueblo en su familia
Yajalón despide entre flores, veladoras y lágrimas a su compañero de fiestas, procesiones y tradiciones; su historia dejó una huella que va mucho más allá de cuatro patas.

Por: Azotea Media
Yajalón, Chiapas.– Hay animales que llegan a una comunidad sin pedir nada y terminan convirtiéndose en parte de su historia. En Yajalón, Chiapas, ese lugar lo ocupó “Cuetes”, un perro comunitario que durante años caminó junto a su gente hasta convertirse, para muchos, en la mascota y uno de los habitantes más queridos del municipio.
Su nombre nació de una característica que lo hacía único: mientras otros perros corrían atemorizados ante el estruendo de la pirotecnia, “Cuetes” parecía disfrutar de las fiestas. Los cohetes anunciaban celebración y él aparecía entre la música, los recorridos y la gente.
No se perdía las procesiones, las fiestas patronales ni los acontecimientos religiosos de la comunidad. Acompañaba los recorridos vinculados con la parroquia de Santiago Apóstol y caminaba junto a los contingentes y carros alegóricos como si también formara parte de la celebración.
Para los habitantes de Yajalón, “Cuetes” no tenía dueño porque, de alguna manera, pertenecía a todos.
Su historia también estuvo marcada por la lucha. En el pasado enfrentó un cáncer que puso en riesgo su vida, pero la solidaridad de los pobladores permitió que recibiera apoyo y lograra superar aquella enfermedad. El pueblo volvió a demostrar que el cariño hacia él no era una simple anécdota: era un vínculo construido durante años.
Su última caminata
El 21 de julio de 2026, durante las celebraciones de Santiago Apóstol, “Cuetes” volvió a salir a las calles. Caminó junto a la música y los contingentes, como lo había hecho tantas veces.
Sin embargo, aquella sería su última caminata.
El perro fue atropellado en las inmediaciones del parque de feria. De acuerdo con las investigaciones dadas a conocer por la Fiscalía General del Estado, un hombre identificado como Eduardo Sebastián “N” fue detenido y es señalado como presunto responsable de haberlo atropellado de manera intencional mientras conducía, presuntamente, bajo los efectos del alcohol. La investigación contempla los delitos de maltrato animal y ataques a las vías de comunicación.
La noticia provocó indignación y tristeza entre los habitantes, pero también una movilización para intentar salvarlo. Como ocurrió años atrás, cuando la comunidad se unió para ayudarlo a enfrentar el cáncer, los pobladores volvieron a buscar la manera de auxiliarlo. Esta vez, sin embargo, sus heridas fueron demasiado graves.
Un pueblo entero le dijo adiós
El dolor por su muerte se hizo visible en las calles de Yajalón.
Flores, veladoras y lágrimas acompañaron la despedida de un perro que, durante años, estuvo presente en los momentos de alegría y también en los días difíciles de la comunidad. Sus restos fueron colocados en un pequeño ataúd blanco a los pies de la imagen de la Virgen de Guadalupe, en las inmediaciones de la parroquia de Santiago Apóstol, donde habitantes acudieron a despedirlo.
Para muchos, “Cuetes” no murió como un animal sin dueño. Murió rodeado de la gente que lo hizo parte de su vida.
La comunidad lo despidió como a un amigo, un compañero y un símbolo de Yajalón. El Ayuntamiento también lamentó públicamente su fallecimiento y reconoció que su nobleza y cariño lo convirtieron en parte del corazón y del patrimonio emocional del municipio.
El perro que no le temía a los cohetes
“Cuetes” deja una historia difícil de olvidar.
Fue el perro que caminaba entre la música, que acompañaba procesiones, que aparecía en las fiestas y que, contra lo que normalmente ocurre con muchos animales, no huía ante el estruendo de los cohetes.
Pero, sobre todo, fue un perro que logró algo que pocas veces ocurre: que una comunidad entera lo reconociera como suyo.
Yajalón ahora tiene una ausencia en sus calles. Ya no aparecerá entre los contingentes ni caminará junto a la música en las fiestas. Ya no habrá que buscarlo entre la gente cuando comiencen los cohetes.
Pero “Cuetes” permanecerá en la memoria de quienes lo conocieron y en la historia de un pueblo que decidió no dejarlo solo, ni siquiera al momento de despedirlo.
Hoy la población pretende crear una estatua en honor a ese peludito que dio miles de gratos momentos, risas y acompañamientos.
Porque a veces un perro no necesita una casa para tener un hogar.
A “Cuetes” le bastó un pueblo.
Y ese pueblo fue Yajalón.

