
Entre flores, desvelo y resistencia: Villa Guerrero sostiene el corazón florícola de México.

✒️Emiaj Agairra G.
Azotea Media.
Mientras gran parte del país duerme, en el sur del Estado de México miles de personas ya trabajan entre pasillos llenos de rosas, claveles, lilis y gerberas. Son las tres o cuatro de la madrugada y la Central de Abasto de Villa Guerrero comienza a despertar en medio del ruido de camionetas, diablitos, tráileres y compradores que llegan desde distintos estados del país.
Aquí el aroma de la flor recién cortada, el frío de la madrugada y el cansancio acumulado de hombres y mujeres que sostienen una de las economías agrícolas más importantes del país es cosa de diario.

Villa Guerrero, ubicado entre Tenancingo e Ixtapan de la Sal, no carga gratuitamente el título de “La Capital de la Flor en México”. Durante décadas, este municipio mexiquense ha construido una identidad ligada al campo florícola, convirtiéndose en referente nacional de producción ornamental.
Sin embargo, detrás de los enormes arreglos florales y de los ramos que cada 10 de mayo llegan a millones de hogares mexicanos, existe una realidad poco visible: jornadas extensas, costos cada vez más altos y productores que continúan luchando para mantener vivo un sector que pocas veces recibe el respaldo suficiente.
La Central de Abasto de Villa Guerrero comenzó operaciones oficialmente el 21 de octubre de 2017, aunque su historia inició mucho antes, cuando productores, abastecedores y comerciantes comenzaron a organizarse para crear un espacio digno y competitivo para la venta de flor.

**En aquel momento, muchos consideraban el proyecto irrealizable.**
No había terreno suficiente, faltaban recursos y existían dudas sobre la viabilidad de un mercado de gran escala en la región. Pero el esfuerzo colectivo logró levantar lo que hoy es uno de los centros florícolas más importantes del país.
Para 2018, apenas en su primer año de operaciones, la Central ya se había consolidado como el principal punto de comercialización de flores del Estado de México, abasteciendo mercados en Ciudad de México, Puebla, Querétaro, Michoacán, Guerrero, Baja California y otras entidades.
Actualmente el complejo supera las 22 hectáreas y diariamente moviliza toneladas de flor ornamental hacia distintos puntos del país e incluso hacia mercados internacionales.
Si existe una fecha crucial para Villa Guerrero, esa es el Día de las Madres. El 10 de mayo: la temporada que mueve millones tanto economicos, como flores.
Durante los días previos al 10 de mayo, la actividad en la Central de Abasto se multiplica. Las naves comerciales se saturan de compradores y el ritmo de trabajo se vuelve agotador.
Productores y comerciantes trabajan prácticamente sin descanso para cumplir con pedidos que saldrán hacia florerías, mercados y centros comerciales de todo México.

Rosas rojas, blancas y rosas; gerberas de colores intensos; claveles, lilis y follajes viajan en cajas, camionetas y tráileres que recorren cientos de kilómetros para llegar a tiempo a las celebraciones.
Porque en México regalar flores sigue siendo una tradición profundamente ligada al afecto familiar.
Pero mientras millones de personas entregan un ramo como símbolo de amor y gratitud, pocos imaginan todo lo que existe detrás de cada flor.

Aunque Villa Guerrero representa uno de los motores agrícolas del Estado de México, muchos productores enfrentan problemas que año con año amenazan la estabilidad del sector.
El incremento en fertilizantes, transporte, plásticos, agroquímicos y mano de obra ha elevado considerablemente los costos de producción. A esto se suma la presencia de intermediarios que compran la flor a bajos precios y obtienen mayores ganancias en los mercados finales.
Muchos floricultores aseguran que el campo sigue creciendo más por esfuerzo familiar que por estrategias gubernamentales sólidas que impulsen la exportación masiva o fortalezcan la competitividad internacional.
Y aun así, cada madrugada vuelven a cortar flor, a cargar camionetas, a negociar precios y a resistir. Porque en Villa Guerrero no solamente se venden flores.
Se sostiene una tradición agrícola que da identidad, empleo y sustento a miles de familias mexiquenses que, entre el aroma de las rosas y el cansancio del campo, mantienen vivo el corazón florícola de México.

