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Módulos de vigilancia: infraestructura olvidada que debilita la seguridad en el Estado de México

 

Por: Azotea Media

 

Toluca, Estado de México. Mientras la percepción de inseguridad continúa siendo uno de los principales reclamos de la ciudadanía, decenas de módulos de vigilancia permanecen cerrados, deteriorados o completamente abandonados en distintos municipios del Estado de México, convirtiéndose en un ejemplo de infraestructura pública que dejó de cumplir con el propósito para el que fue creada.

 

Estos espacios fueron construidos para acercar a los cuerpos policiacos a la población, fortalecer la vigilancia preventiva y ofrecer una respuesta más rápida ante situaciones de emergencia. No obstante, la realidad en numerosas localidades refleja un escenario distinto: inmuebles sin personal, con daños visibles y, en algunos casos, utilizados para actividades ajenas a la seguridad.

 

Uno de los casos que recientemente volvió a poner el tema sobre la mesa se registró en el municipio de Tlalmanalco. Habitantes de la comunidad de San Rafael denunciaron que varios módulos permanecen cerrados desde hace años, sin mantenimiento y convertidos en puntos donde se consume alcohol, situación que incrementa la percepción de inseguridad entre los vecinos.

 

La problemática no es exclusiva de esta región. En Naucalpan, diversos reportes periodísticos han evidenciado que gran parte de los 124 Tecallis instalados en el municipio permanecen fuera de operación, algunos incluso sin servicios básicos, lo que limita la capacidad de respuesta de la corporación policiaca y reduce la presencia preventiva en las colonias.

 

En Toluca, el panorama también evidencia rezagos. De acuerdo con información del propio Ayuntamiento, el municipio cuenta con 45 módulos de vigilancia; sin embargo, únicamente 24 fueron rehabilitados y se mantienen en funcionamiento, mientras que los 21 restantes continúan sin operar, dejando amplias zonas sin estos puntos de atención inmediata.

 

Especialistas en seguridad pública coinciden en que estos módulos forman parte de una estrategia de proximidad social que busca fortalecer el vínculo entre la ciudadanía y las corporaciones policiacas. Su funcionamiento permite mantener presencia permanente en comunidades, atender con mayor rapidez reportes de emergencia y coordinar acciones preventivas para reducir la incidencia delictiva.

 

Para habitantes de distintas regiones del Estado de México, la recuperación de estos inmuebles representa una necesidad urgente. Aseguran que, ante los tiempos de respuesta que en ocasiones resultan insuficientes, contar con módulos activos y personal operativo puede marcar la diferencia en la atención de una emergencia y contribuir a inhibir la comisión de delitos.

 

Más allá de la construcción de nuevas instalaciones, el reto para los gobiernos municipales parece estar en rescatar la infraestructura existente y garantizar que cumpla con la función para la que fue creada. De poco sirve inaugurar espacios destinados a la seguridad si terminan convertidos en edificios vacíos, deteriorados y olvidados por las propias autoridades.

 

Para miles de familias mexiquenses, un módulo de vigilancia no representa únicamente una caseta; simboliza la presencia del Estado en las calles y la confianza de que, cuando ocurra una emergencia, habrá una autoridad cercana capaz de responder.


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