Compartir

“Prefiero arriesgarme en la carretera a que me asalten y agredan en el puente”

 

Puentes peatonales de Isidro Fabela se convierten en corredores de riesgo para trabajadores y usuarios; denuncian asaltos, agresiones y ausencia de vigilancia

Por: Emiaj Agairra G. / Azotea Media

 

Toluca, Méx.— Cruzar un puente peatonal dejó de ser una medida de seguridad para convertirse en un riesgo. Sobre la vialidad Isidro Fabela, en el tramo que va de Tres Caminos al puente cercano al mercado de Palmillas, trabajadores y usuarios aseguran que deben elegir entre exponerse al tránsito vehicular o subir a estructuras donde, afirman, pueden ser víctimas de asaltos y agresiones.

 

Los puentes ubicados en las delegaciones de San Pablo Autopan, San Cristóbal Huichochitlán, Palmillas y Ojo de Agua son señalados por usuarios como puntos particularmente peligrosos, principalmente entre las 5:00 y 7:00 de la mañana, así como entre las 6:00 y 10:00 de la noche, horarios en los que cientos de personas se dirigen o regresan de sus centros de trabajo.

 

Prefiero arriesgarme en la carretera a que me asalten y agredan en el puente”, expresó uno de los usuarios consultados, al describir el temor que enfrentan diariamente quienes deben utilizar estas estructuras.

 

“Me empujaron con la moto contra la malla”

 

Carla, trabajadora de una empresa de la zona, relató a Azotea Media que ha sido víctima de asalto en dos ocasiones. En una de ellas, dijo, uno de los agresores la amenazó con una navaja.

 

Esa vez sentí que no la libraba”, recordó.

 

El segundo ataque ocurrió un domingo, alrededor de las cuatro de la tarde. Carla explicó que algo le hizo sospechar cuando observó una motocicleta con dos personas sobre el puente. Sin embargo, señaló que es común ver motociclistas y ciclistas utilizando estas estructuras para cruzar.

 

La mujer decidió continuar y caminar más rápido, pero los agresores la alcanzaron.

 

Me empujaron con la moto contra la malla, me amenazaron con algo en la cabeza y otro me buscaba en las bolsas”, relató.

 

Durante el ataque, Carla denunció que también fue víctima de tocamientos y agresiones de carácter sexual.

 

Sentí su manoseo, tocó mi cuerpo en partes donde no hay bolsas y decía: ‘qué rica, mamita’”, narró.

 

La situación pudo haber terminado de otra manera. Un grupo de jóvenes que regresaba de un partido escuchó los gritos y enfrentó verbalmente a los agresores.

 

¡Déjela, pendejos!”, gritó uno de ellos.

 

Los atacantes huyeron. Carla considera que, por segunda ocasión, tuvo suerte.

 

Me salvé otra vez. Si no, no sé qué habría pasado”, expresó.

 

“Hoy, a correr para cruzar”

 

Javier, de 36 años, también usuario de la zona, aseguró que la inseguridad en los puentes es una preocupación constante. Recordó el caso de una mujer a la que presuntamente intentaron asaltar y agredir porque no llevaba dinero.

 

Por suerte nos bajamos varios del camión en este puente”, explicó.

 

El trabajador señaló que varios empleados de un centro de distribución ubicado en la zona del trébol, en el cruce de la vialidad Isidro Fabela con la carretera Lerma-Zitácuaro, utilizan diariamente estos pasos peatonales.

 

Aseguró que el deterioro y la falta de vigilancia han agravado la situación.

 

Rompieron la malla, rompieron las lámparas y se robaron algunas láminas del techo del puente”, denunció.

 

Javier recordó que anteriormente era común observar patrullas recorriendo o permaneciendo en las inmediaciones de los puentes, especialmente durante las mañanas y las tardes.

 

Antes había patrullas recorriendo o estacionadas en los puentes, pero después… nada. Todo cambió y hoy, a correr para cruzar”, lamentó.

 

Oscuridad, estructuras largas y ausencia de vigilancia.

 

Las denuncias no se quedan únicamente en los testimonios. Azotea Media realizó un recorrido por la zona y constató las condiciones de riesgo que enfrentan los peatones.

 

En distintos puntos se observaron puentes con iluminación insuficiente o inexistente, estructuras extensas y tramos que obligan a los usuarios a permanecer durante varios minutos en zonas aisladas, sin una ruta rápida de escape.

 

Para los usuarios, estas condiciones son aprovechadas por los delincuentes. La longitud de las rampas y los puentes permite que los agresores corran junto a las víctimas o las alcancen antes de que puedan llegar al otro extremo.

 

A esto se suma el ruido constante de los vehículos que circulan por la vialidad Isidro Fabela, lo que dificulta que los gritos de auxilio sean escuchados.

 

Aquí, aunque grites, con el ruido de los carros nadie se da cuenta”, comentó otro usuario durante el recorrido.

 

Una patrulla, una detención y una vigilancia que no alcanza

 

Durante el trabajo periodístico, se observó la presencia de una patrulla estatal perteneciente al agrupamiento de Transportes, cuyos elementos detuvieron a una persona considerada sospechosa por los usuarios.

 

La presencia del individuo había llamado la atención debido a que, durante el recorrido y la realización de entrevistas, pasó en reiteradas ocasiones por la zona, subiendo y bajando del puente y realizando maniobras que los usuarios calificaron como poco habituales.

 

La intervención policial evidenció que existe presencia de elementos de seguridad; sin embargo, los usuarios consideran que esta es insuficiente frente al flujo de personas que utilizan diariamente los puentes y a los antecedentes de asaltos y agresiones denunciados.

 

El llamado: luz, cámaras y seguridad

 

La inseguridad en estos puntos no es un asunto menor. Para miles de trabajadores, estudiantes y habitantes, cruzar un puente peatonal forma parte de su rutina diaria.

 

Pero, ante la falta de iluminación, el deterioro de las estructuras y la escasa vigilancia, lo que debería ser un espacio destinado a proteger la vida de los peatones se ha convertido, para muchos, en un punto de temor.

 

Por ello, habitantes y usuarios hacen un llamado a las autoridades para instalar luminarias suficientes, cámaras de videovigilancia y reforzar la presencia policial en los puentes peatonales de la vialidad Isidro Fabela.

 

Mientras tanto, quienes todos los días deben cruzarlos siguen enfrentando la misma disyuntiva: exponerse al peligro del tráfico o arriesgarse a subir a un puente donde, aseguran, la oscuridad y la ausencia de vigilancia pueden convertir un trayecto cotidiano en una experiencia de miedo.

 

Para muchos usuarios, hoy cruzar un puente peatonal ya no significa estar a salvo.


Compartir